La glándula lagrimal produce la lágrima, esta baña el ojo y parte de ella se evacua por el sistema lagrimal. Si el tubo que drena las lágrimas está obstruido se salen las lágrimas del ojo y se produce el lagrimeo.
Si hay alguna obstrucción o una mala posición de los sifones (puntos lagrimales) que llevan las lágrimas al tubo lagrimal se puede escurrir las lágrimas por las mejillas.
Las lágrimas retenidas en el ángulo interno del ojo pueden infectarse y producir una hinchazón dolorosa en el saco lagrimal.
Para mejorar el lagrimeo deben tenerse en cuenta varios factores:
Primero se deben observar los pequeños sifones o puntos lagrimales localizados en los extremos nasales de los párpados. Estos deben estar bien abiertos y en buena posición con respecto al lago lagrimal.
Si están muy cerrados o en mala posición, se puede presentar lagrimeo frecuente sin secreción y sin dolor. Para corregir este problema, se realiza una ampliación de puntos lagrimales.
Si los puntos están volteados hacia afuera es necesario una cirugía que los reposicione.
Segundo se debe evaluar el tubo lagrimal para ver si está obstruido. Los síntomas más comunes de taponamiento son lagrimeo excesivo, secreción mucosa (lagaña) e inflamación dolorosa del ángulo interno del ojo afectado. Si estos síntomas no se tratan, se puede producir una infección complicada alrededor del ojo.
La Cirugía Trasnasal Endoscópica es la técnica empleada para permeabilizar la vía lagrimal. Se emplea un endoscopio, instrumento que se introduce por la fosa nasal (nariz) permitiendo al cirujano una visualización directa para destapar la vía lagrimal. Esto evita producir heridas externas en la piel del párpado inferior.
Esta técnica ha revolucionado y mejorado los resultados de la cirugía de la vía lagrimal logrando un éxito que varía entre el 90-95%.